BOBBY: OTRA INVITACIÓN A LA VERDAD
BOBBY: OTRA INVITACIÓN A LA VERDAD
Una vez más, el espacio de cine en televisión Solo la verdad, a partir de una película, nos invita (como su nombre indica) a acercarnos a lo que realmente ocurrió en algún hecho histórico; en este caso, el ambiente social en Los Ángeles, California (concretamente en el hotel Ambassador), el 6 de junio de 1968, donde y cuando fue asesinado Robert Francis “Bobby” Kennedy (RFK, a la sazón con 42 años de edad) uno de los hermanos menores del que había sido presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy, víctima a su vez de magnicidio el 22 de noviembre de 1963 que tanto conmocionó al país y al mundo, y de quien había sido uno de sus consejeros de mayor confianza; tras lo cual RFK se mantuvo como Fiscal General del país (1961-1964) y continuó como Senador Junior por Nueva York hasta su muerte, cargo con el que aspiraba a la Vicepresidencia en el gobierno de Lyndon Baines Johnson (1963-1969), con quien tenía serias discrepancias sobre todo, por su oposición a la Guerra de Vietnam que, al igual que su contribución a los derechos de los negros en ese país, explican las simpatías de que disfrutaba en lo más progresista del país y que tantas esperanzas habían depositado en RFK.
Los detalles de este crimen son apenas conocidos por la población en general, no solo en Cuba, en buena medida opacados aún por aquellos precedentes de su hermano y por toda la secuela de terror e intrigas en la que este fue otro hito, no menos importante y elocuente para acercarnos a la verdad de la turbia política de poderes e intereses diversos en pugna; y ya esto es uno de los valores del filme Bobby (El día que mataron a Kennedy) que en el año 2006 (38 años después) en 120 minutos nos devuelve e induce Emilio Estévez como guionista, director y actor, quien tenía apenas seis años de edad cuando este homicidio contra RFK, pero en el ambiente artístico e intelectual en que empezaba a correr, no es de extrañar el impacto emocional y más con que estos sucesos incidieron en tantos que antaño apenas comenzábamos a percibir el mundo. Se agradece por tanto la invitación a acercarnos cada vez más a verdades de interés universal apuntando a los tantos momentos que de otra forma, quedarían por siempre inadvertidos; sobre todo, cuando esta invitación se disfruta con arte.
Pero Emilio no es sino una más entre las tantas estrellas con que brilla la cinta: con él podemos apreciar nuevamente a su padre Martin Sheen, pero también a otros inmensos (al margen de las singularidades y momentos lógicos) como Anthony Hopkins, Christian Slater, Helen Hunt, Laurence Fishburne, Sharon Stone, Demi Moore, Elijah Wood, Heather Graham, Harry Belafonte, Mary Elizabeth Winstead, Freddy Rodríguez, David Collins, Nick Canon, Shia LaBeouf, Ashton Kutcher, Joshua Jackson, William H. Macy… incluso ganó el Premio Hollywood de Actor Revelación (además del de Mejor Reparto, nominado también al Sindicato de Actores) para la actriz, cantante, empresaria y modelo neoyorkina Lindsay Dee Lohan, entonces con 20 años, esta su décima aparición en cine, sin contar otras seis en televisión con otros dos premios, y dos álbumes como cantante. Producción de Ed Bass, no debemos olvidar la música de Mark Isham; la fotografía de Michael Barret; la dirección artística de Coulin De Rouin; el montaje de Richard Chew y el vestuario de Julie Weiss. Más que rememorar la vastísima trayectoria de todos ellos (un canto a la diversidad: generaciones, géneros, colores de piel, raíces étnicas, etcétera) vale la pena destacar la confluencia de tantos en tantas causas por la justicia y el mejoramiento social, sea como artistas o como ciudadanos; casi siempre, ambas a la vez, indisolubles entre sí.
Tal parece haber sido una intención expresa de Estévez, quizás en homenaje a RFK y sus luchas que le costaron la vida: su objetivo no es RFK ni el crimen, aunque tampoco lo elude, sino el contexto social y sus tantas confrontaciones en su sentido más holístico: por tanto, además de la guerra en Vietnam y las luchas antibelicistas y antirracistas incluido el muy reciente asesinato (dos meses antes) contra Martin Luther King Jr. Con 39 años de edad, máximo ejemplo antirracista apoyado por RFK) llegan aquí desde los hippies y la problemática de la drogadicción, hasta los ecos de la Primavera de Praga y del mccarthysmo; ecos que tampoco carecen de reflexiones y posturas críticas y analíticas establecidas con arte, por tanto: tan lejos del “teque” tan dañino.
No se puede olvidar la Revolución Sexual entonces pujante y todos sus aportes a los avances actuales y nos remeda otras grandes obras de esta vertiente cinematográfica aunque en otras direcciones y motivaciones como es intrínseco a las artes, pero confluyentes a pesar de las distancias en tiempo y espacio, y pienso al menos en Hair de 1979, y Milk de 2008 pero sobre hechos de 1978, diez años después de los que esta película aborda pero línea temporal que nos invita a reflexiones más profundas.
En una época triste y urgente a enmendar, en que el terrorismo, los tiroteos y otras tantas formas de agresión amenazan el cotidiano de ese país (no el único, pero emblema), el filme no sufre la ingenuidad de querer hurgar en los antecedentes de tanta violencia pues sería difícil no quedar deficitario, aunque inevitablemente nos remontamos a ellos cuando el cristiano palestino Sirhan Bishara Sirhan de 24 años de edad apareció disparando contra la multitud en el pasillo hacia las cocinas del hotel Ambassador; luego confesó que por oponerse al apoyo a Israel. Pero RFK no es aquí sino el personaje público en torno al cual se entrelazan desde su diversidad las varias historias que apuntan a la problemática general de aquella sociedad; personaje público que convence con el rico testimonio de imágenes históricas documentales que juegan al equívoco del distanciamiento casi brechtiano del resto de los personajes, pero no más que un juego, pues el filme se encauza decididamente por los senderos totalmente opuestos de las confluencias sistémicas en que se vive y desvive.
No en balde, varios de esos personajes que se proponen de ficción, son los heridos y sus co-protagonistas dolientes en el tiroteo del que dato curioso, esta película es de las escasas alusiones a ese día, que se detiene en aclarar que todos esos heridos sobrevivieron y solo falleció horas después RKF, ultimado a quemarropa. Lógico: los que realmente han protagonizado la cinta, que no ha sido tanto RFK como en torno a él y sus luchas, de pronto confluyen heridos en cuerpo y alma por el acontecimiento aglutinador que devela al sistema.
Y para nosotros, RFK deviene camino para comprender la realidad de un contexto social como es y no como queremos forzarla a ser ni a ser vista (lo que no ayudaría en lo absoluto a su mejoramiento), más allá de clímax y estereotipos, en su mayor integralidad y esencia; y más aún, cuando vayamos a recrear esa realidad sistémica, que sea con arte, única forma de cumplir su cometido de hecho y de derecho para la urgente mejoría de toda realidad, para lo cual se precisa comenzar es cierto, por invitar a acercarnos críticamente a cada verdad.



